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viernes, 30 de agosto de 2013

SETIEMBRE

¿A qué suena este mes? ¿A qué sabe setiembre?
Para mí, setiembre es le mes de la nostalgia: mi piel todavía rezuma el disfrute de las vacaciones y me columpio en el recuerdo de mis paseos por la playa, mis idas y venidas por los puertos del sur, mis lecturas reservadas durante el largo invierno, mis risas en días sin fin y mis silencios en madrugadas de luna y mar.
Setiembre es el mes de la melancolía: mis sentidos todavía echan de menos aquellos paisajes, aquellas voces, aquellos olores, aquellos roces que fui descubriendo con la parsimonia del vaivén de las olas.
Por eso, quizás, setiembre sea para muchos el mes de la tristeza, porque durante estos primeros días todavía están muy recientes los adioses, los billetes de vuelta, las ventanas cerradas y las maletas guardadas, todavía siguen muy presentes las vivencias y en cada centímetro de nuestro cuerpo todavía siguen latiendo las vibraciones que han hecho de este verano un momento especial y han hecho de nosotros alguien especial.
Setiembre es el mes idóneo para echar de menos, para hacer esas promesas que no nos atreveríamos a hacer en ningún otro mes del año, para reír o llorar las fotos, para pronunciar las despedidas más amargas y también para revivir lo vivido (Siempre me lo he preguntado: ¿que se hace con más intensidad: vivir o revivir?)
Setiembre es un reencuentro con tu vida, porque el verano, las vacaciones, no nos engañemos, no forman parte de la vida, no forman parte del año. El verano, las vacaciones son esa nube en la que nos subimos para volar alto y respirar, respirar con calma, sin prisas. Esa nube que nos permite viajar -nunca mejor dicho- y nos ayuda a desconcetar, a disfrutar, a descansar y a descubrir -es lo que llamo yo vacaciones en 4D-. Esa nube que vamos alimentando durante el año y que nos retroalimenta para seguir viviendo.
Setiembre es una vuelta a casa, a tu casa, a tu cama, a tu almohada, a tu café, a tu baño, a tus olores, a tus costumbres y a tus manías, a tus paisajes y a tus tiempos.
Setiembre es un regreso a tu cuerpo y a tu mente, a tu realidad y a tus sinsabores, a tus amigos y a tus espacios, a tus rutinas y a tus alicientes de siempre.
Setiembre es un punto y aparte, un capítulo cerrado, un año acabado. Aprendemos las estaciones cantando primavera, verano, otoño, invierno, y nosotros le damos la vuelta porque hay algo que siempre, año tras año, se acaba con el verano, se acaba con la llegada de setiembre.
Pero setiembre, paradójicamente, también es el mes de la esperanza. Setiembre es el incio de algo, de un nuevo curso, de una nueva andadura, y eso siempre confiere esperanza a nuestro caminar.
Setiembre es el mes de los propósitos, de los proyectos, de los retos. Como enero, sí. Pero setiembre tiene algo diferente, algo especial. Setiembre arrastra la vitalidad del verano y eso nos da más fuerzas para actuar; setiembre arrastra las últimas olas del mar, los últimos rayos del sol, los últimos días largos, días de ocio y traquilidad, y eso siempre ayuda para encarar lo que está por llegar.
Setiembre es catarsis, ese ritual necesario para comenzar, para volver a comenzar: tinte y corte de pelo, cremas nuevas y nuevas perspectivas. Cada año es lo mismo pero cada año setiembre supone algo nuevo: nuevo curso, estuche nuevo, libros nuevos, compañeros nuevos, expectivas nuevas y nuevas ilusiones.
Setiembre es ave de paso.
Es tiempo de cambio (de los insoportables calores a los nuevos fríos; de lo sudores estivales a los primeros temblores otoñales; de la larga claridad a la oscuridad temprana; de los blancos, turquesas y rosas a los marrones y morados; de la ropa ligera y corta a los tejidos envolventes más largos y tupidos); es tiempo de renovación (renovar carnet del gimnasio, renovar proyectos, renovar tradiciones) y es tiempo de incertidumbre (¿qué me deparará este nuevo "año"?)
Setiembre es una vuelta de hoja, es una hoja en blanco, un capítulo nuevo. 
Setiembre huele a nuevo...
Setiembre sabe a preludio...
Setiembre suena a ilusión...

lunes, 17 de junio de 2013

A PESAR DE TODO (o 25 pequeñas razones para ser feliz)


Crisis, corrupción, desahucios, despidos, recortes, fraude, censura, mentiras, hipocresía... Sí, tenemos mil razones para quejarnos, para levantar la voz, para enfadarnos contra todos aquellos que han conseguido que estemos ¿peor que nunca? Sí, nos lamentamos de la situación que nos ha tocado vivir; mejor dicho, que nos han obligado a vivir, y cada uno, a su manera, como puede, sabe o le dejan, intenta sobrevivir en esta jungla hecha de sinrazones. Y sí, ¿para qué negarlo?, tenemos mil razones para seguir lamentándonos porque tenemos muy cerca, con nombre y apellidos, los rostros de los que sufren (sufrimos) en primera persona el desgaste personal, emocional, físico y social que están provocando tantas injusticias. Sí, tenemos derecho a sentirnos desgraciados, a ver la botella medio vacía, el día gris y el futuro negro. Pero, ¡¡¡eppp!!!!, si me lo permiten, también tenemos el deber y la autoridad moral de darle la vuelta a la tortilla, de ver en la lejanía el rayo de sol, de otear un arcoiris en medio de aquello que llaman el mañana. En definitiva, tenemos el deber de intentar estar bien, de ser optimistas y de arañar, allá donde podamos, esos momentos de alegría y de bienestar que tanto se empeñan en arrebatarnos. Sí, no me resigno a que esos pinten mi vida con tonos oscuros; me resisto a que, además de (des)gobernar mi cuenta corriente, mi casa, mis vacaciones o lo que me puedo poner o puedo comer, manden en mis ilusiones, en mis sueños y en mis sonrisas. Por eso, desde aquí, les digo que no, que no van a poder conmigo; que, a pesar de todo y de todos, todavía tengo razones -¡mis razones!- para ser feliz.

  • Sencillamente, porque ya es veranito. Y eso nos levanta el ánimo: el buen tiempo, la playa, la piel morenita, las uñas de los pies pintadas de rojo, los días más largos y las noches, más cálidas. Porque el sol nos da energía y el mar nos hace más saladitos.


  • Porque, cuando nos quejamos de nuestra vida o de nuestro trabajo (o no trabajo) o de nuestra salud o de nuestra situación sentimental, debemos pensar ¿comparado con quien, eh? Eso me lo dijo alguien que yo me sé y es verdad, ¿comparado con quién?
  • Porque siempre hay un amigo para compartir risas y sueños (desde aquí, Olga, mil gracias por esa tarde-noche mágica. Te confieso que has conseguido lo que nadie ha logrado: un viernes por la tarde, que siempre acabo hecha polvo, ¡hasta las diez y media de la noche despierta! Por cierto, a pesar de todo -¿comparado con quien?-, te vi estupenda, estupenda. Y gracias a ti, Elena, por compartir conmigo tu madera. Y gracias a ti, Joaquina -and family-, y a nuestros fines de semana llenos de sabor. Y gracias a ti, Olga; y a ti, Lola; y a ti...)
  • Porque me espera la morería. No necesito más.
  • Porque todavía me enganchan los buenos libros. El que estoy leyendo y me está fascinando: El problema de Spinoza, de Irvin D. Yalom.
  • Porque todavía no se han muerto las flores de mi terraza.
  • Porque el último mes tuve 1000 visitas en mi blog. ¡La leche!
  • Porque, a pesar de que mi libro no ha tenido éxito, no he perdido la esperanza (http://www.amazon.es/ENCRUCIJADAS-ebook/dp/B009991H5A). Y continúo escribiendo. Y, lo mejor, sigo sintiéndome feliz cuando lo hago. Ya he empezado a esbozar mi segunda novela...
  • Porque sigo sorprendiéndome con mis sobrinas y mi sobrino. Porque, con ellos, se para el tiempo y puedo tocar, por un momento, la felicidad.
  • Porque, a pesar de mis problemas de cervicales y mis dolores (funciono con dos ibuprofenos al día y relajantes musculares), sigo con mi vida.
  • Porque, a pesar de no tener demasiada pasta, todavía vamos mi madre y yo de compras y nos permitimos algún capricho.
  • Porque disfruto con los paseos por la playa, que tienen un montón de ventajas: no cuestan nada, me ayudan a ponerme morena y tonifican los músculos. ¿Qué más quieres, Baldomero?
  • Porque estoy enamorada.
  • Porque, cuando me pongo taconazos para trabajar, me siento genial.
  • Porque, cada vez que voy a hacer la compra de la semana, todavía puedo ayudar a todos los que están en la puerta del supermercado (en especial, un hombre que me llama mamita porque le compro leche para sus niños y comida para él y su mujer)
  • Porque todavía conservo aquel mapamundi en el que señalo con un alfiler todos los sitios que he visitado y todos los viajes que me quedan por hacer y toda la gente que me queda por conocer.
  • Porque me he cortado el pelo y me gusto.
  • Porque, a pesar de los recortes, puedo seguir aportando mi granito de arena en las ONG a las que estoy asociada.
  • Porque, por fin, tengo emoticonos en mi whatsapp. (Parecerá una chorrada pero no veas cómo disfruto)
  • Porque mi familia es mi mejor y mayor apoyo; especialmente, las mujeres de mi familia, que no son pocas.
  • Porque todavía disfruto con mi soledad y mi silencio.
  • Porque he podido cumplir algunos sueños.
  • Porque todavía tengo sueños que cumplir.
  • Porque todavía sé reírme de mí misma.


  • Porque estoy aquí y lo puedo contar.

sábado, 25 de agosto de 2012

DE VUELTA

¡¡¡¡¡¡Hola!!!!!

Ya estoy de vuelta. Sí, he regresado de mis vacaciones y ya estoy aquí, con las pilas recargadas y sin ningún síndrome postvacacional, para decir adiós a este veranito y para afrontar un nuevo curso que está a punto de empezar. Con las maletas todavía por deshacer, un montón de ropa por lavar y el bronceador gastado, ahora toca vaciar la tarjeta de la cámara fotográfica, clasificar las fotos más bonitas y ponerles lugar y fecha; ahora toca ordenar todos los papeles que hemos traído del viaje: mapas, folletos informativos, tarjetas de visita, posavasos, y colocar el correspondiente imán en la nevera junto con los otros procedentes de antiguos periplos; ahora toca reencontrarse con los amigos para explicarles con pelos y señales, para su desgracia, todas las aventuras y desventuras del viaje, y para aburrirles con el fabuloso, estupendo y bien elaborado pase de fotos y vídeos que hemos hecho por esos mundos de Dios; ahora toca hacer balance y recordar y valorar y disfrutar de nuevo todos los momentos vividos en este verano de 2012 (verano, por otro lado, para olvidar: incendios, prima de riesgo, recortes, mentiras, accidentes… Pero no, ahora no tocar ponerse dramáticos. Ya habrá tiempo y más razones para ello). En fin, que, como no soy diferente al resto de los mortales, ahí van mis 21 postales de recuerdo; ahí van mis 21 momentos de este estío que ya se nos está yendo:

1.- Momento “campos de paja de la Toscana” que dan al paisaje ese tono dorado tan cálido y romántico (Pisé uno para hacerme la consabida foto y me clavé en el pie una maldita brizna con el consabido dolor/cabreo. O sea que, de romántico… poco)


2.- Momento olímpico. Las medallas de nuestros deportistas españoles (Qué poderío, señores, qué fortaleza y cuánto entusiasmo. Valen un potosí. Lástima que no se les valore como se merecen, especialmente cuando están entrenando. Lo del chándal -o chonichándal, como he oído y leído en algún sitio-, vamos a dejarlo para otro día, ¿no les parece?).
3.- Momento “Lola”. La comida de todos los veranos con mi amiga (y con final accidentado). Un beso desde aquí.
4.- Momento “tartufo”. El panini de paté de trufa negra que me zampé en un exquisito y elegante bar de Florencia (y yo, con camiseta sudada y sandalias trapajosas… Bueno, en realidad, fueron dos y dos copas de vino).
5.- Momento “lo hago por salud, porque es muy sano, no para adelgazar”. Las dos horas de caminata al día que me he currado durante el mes de agosto (vamos a hacer cálculos: 2 horas X 7 días a la semana X 4 semanas que tiene el mes, en total, aproximadamente, ¡¡¡¡56 horas caminando por el paseo marítimo, sudando como una cerda, con la lengua fuera, en vez de estar tranquila, tomando el sol tumbadita en la playa!!!! Joder, soy una máquina).
6.- Momento esteticien. La manicura de color rosa que les hice a mis sobrinas en Begur (tendrían que haber visto a la pequeñaja de dos años y pico presumiendo de uñas pintadas).
7.- Momento enológico. El vermentino que probé en Pienza, un vino blanco, afrutado, frío, delicioso (Bueno, lo confieso, fueron varias copa más el Brunello de Montealcino, y el Nobile de Montepulciano, y el dulce que caté para regalárselo a mi madre…).
8.- Momento “mi novela”. Las dos horas que he pasado releyendo y corrigiendo mi novela, ¿se acuerdan? (apliquen el mismo cálculo que el de las caminatas. Ya está a punto y soy feliz, muy feliz)
9.- Momento “rebajas”. La mañanita que pasé con mi madre de rebajas (no, mi madre, no, no vayamos a liarla): después de patearnos las calles comerciales bajo un sol de justicia, cayeron un pantalón y un cinturón para ella y un vestido para mí (lástima que ya estuvieran en los escaparates las “new collection”, los “new arrivals” de la temporada otoño-invierno y nos hayamos enamorado de una americana negra de más de 300€, ella, o séase, mi madre, y de un abrigo de color azul azafata, lo último, de otros tantos, yo. Habrá que esperar a las rebajas).
10.- Momento “glamour”. Una, bueno, dos copas de cava en la terraza de casa de mi hermana, al atardecer, con unas vistas preciosas, en compañía de mis hermanas y mi prima, hablando de nuestras cosas. Delicioso. Mil gracias, Gemma y Xavi.
11.- Momento “sólo un momento”. Los momentos contados, limitados y muy contenidos que me he permitido soñar con un remoto e hipotético “¿y si mi novela gusta?, ¿y si tiene éxito?” (dicen que soñar es gratis; también dicen que hay que tener cuidado con lo que se sueña porque puede hacerse realidad… ¿Se imaginan? ¡Sería le leche!).



12.- Momento “¡marchando una cañita y una tapita de atún ahumado!”. Bueno, más de una he tomado y ha sido en Carboneras, un pueblecito de Almería, a las puertas de Cabo de Gata. Buenísimas. Uno de mis descubrimientos del año. Desde aquí, gracias a Juan Diego y a Loli.
13.- Momento “coñazo de tele”. Porque hay que ver lo mala que es la tele en verano. Yo, lo juro, sólo la he visto un ratito después de comer y alguna que otra noche. Y, entre los docufriki de Frank el de la selva, las noticias petarderas de “Sálvame” y compañía, los mismos capítulos de las series norteamericanas, los informativos dando vueltas y más vueltas de tuerca a las tragedias del verano, la verdad es que el aparato ha estado estos días de adorno.
14.- Momento “cocktail”. Fue en el Boadas, una de las mejores y más emblemáticas cocktelerías de Barcelona. Fueron dos: uno de ginebra, lima y melón –chispeante, delicioso, sin palabras- y otro de ginebra, lima y frambuesa -no me gustó tanto porque me recordaba a los jarabes de fresa que tomaba de pequeña-. Fue el día de la ascensión de la Virgen, para celebrarlo. Fue detrás de una cena estupenda y de una mañana “sorprendente” con mi pareja. ¿Qué más se puede pedir?
15.- Momento “un kilo menos”. Ha costado, está costando, pero sigo de dieta. He hecho toda la bondad que he podido pero, coño, qué difícil es. Sí, dicen que ahora es buen momento para hacer dieta (yo empecé en abril, que conste) porque es temporada de ensaladas, gazpachos, sopas frías, pero qué me dicen de las tapitas –véanse momento 4, 12 y la próxima, la 18-, y de la copitas –véanse momentos 7, 10 y 14-, y de las cenitas, y de los helados… Que no, hombre, que no, que no pueden engañarnos; que a ver si nos enteramos todos, joder, que nunca es buen momento para hacer dieta.
16.- Momento “campos de girasoles”. Cada vez que encontrábamos uno con un sitio para aparcar y hacer la foto de turno en la que estas bucólocas y bellas flores mostraran todo su esplendor, las muy "jodías" estaban vueltas al revés o cabizbajas (al final, después de recorrer kilómetros y kilómetros por la Toscana, lo conseguimos).



17.- Momento “ventilador”. Sí, durante este veranito, también mi pareja y yo hemos tenido nuestros momentos... Tras la fase de los preliminares, léase miraditas, tonteos, caricias en el sofá, en la cocina o en el despacho, nos íbamos a la cama pero con el ventilador a toda castaña porque, sin él, con el calor que ha hecho y la humedad, parecíamos dos ranas chorreantes acopladas sin muchas ganas de jarana. Y no, eso no podía seguir así.
18.- Momento “comida sana”. Sí, paella, pescado al horno, bocata de jamón, mariscada, tortilla de patatas, pan con tomate y frankfurts y patatas fritas de bolsa y pipas y ganchitos y… ¿Sigo?
19.- Momento “SIN IVA”. Debido a la ingeniosa medida por parte de nuestro querido gobierno de subir el IVA para salir de esta fatídica crisis, desde aquí, quiero agradecer a los establecimientos que, para contrarrestar los efectos depresivos de dicha decisión, no cobraron el dichoso impuesto durante alguna que otra jornada. Total, que me he comprado un lavavajillas (después de más de 10 años independizada y fregando platos como una descosida, por fin lo he conseguido, ¡¡yuhu!!) y una plancha para mis pescaditos, mi carnecita y mi verdurita.
20.- Momento "¡¡¡oohhhh!!!". Eso y la cara de auténtica flipada cuando, al doblar una esquina, al cruzar una calle o al atrevesar un callejón de algún pueblo/ciudad de la Toscana, he descubierto una iglesia, un palacio, una plazoleta, un mercado o una fachada que me ha dejado sin palabras. ¡¡¡Cuánta belleza!!!


Aunque también tengo que reconocer que he tenido esa misma impresión cuando he pasado delante del escaparate de una de esas elegantes (¡¡y caras!!) tiendas de moda: qué bolsos, qué vestidos, qué zapatos, qué joyas.



(¿Les cuento un secreto? Donde más disfruto es delante de una de esas tiendas de delicatessen donde exponen con calculado detalle y suma exquisitez los salamis, los procciuto, los quesos, la pasta fresca, las especias, las setas... Tengo un problema, ¿no?)
21.- Momento “de vuelta”. Antes de que acaben mis vacaciones, cada año, irremisiblemente, me llega ese momento en que empiezo a pensar en el próximo curso, hago limpieza física y mental en casa, me compro mi agenda, me marco los cumpleaños y las fiestas, formulo mis propósitos y mis deseos y, como cada final de agosto -llevo más de diez-, voy al gimnasio más cercano para informarme sobre las actividades, las tarifas, los horarios y, al salir de allí, con una sonrisa en los labios, me digo superconvencida y superanimada: “este año, sí”. Que sí, que lo digo en serio, que lo prometo, este año, sí. O no…

PD1. ¿Se han dado cuenta de que muchos de mis momentos tienen que ver con una de las necesidades más primarias? No, si donde se ponga una buena mesa...

PD2. Si a alguien le han gustado las fotos, podrá verlas todas en el blog de www.9barrisimatge.blogspot.com

PD3. Sigue pendiente lo de setiembre...

lunes, 2 de julio de 2012

¡¡¡VERANITO!!! (o mis libros para una isla desierta)

Con las maletas a medio hacer, el neceser casi completo, los mapas, las guías de viaje, la documentación a punto y a buen recaudo, busco entre las estanterías todos los libros que, durante este largo invierno -y otoño, y primavera- he ido comprando para leerlos este veranito que ya ha llegado. Este, este, y este, y este también. Demasiados. Y pesan demasiado para no tener ningún altercado con las dichosas azafatas a la hora de facturar en una de estas estupendas compañías low cost que te cobran por llevar cien gramos de más. No, si ya lo decía yo. No era mala idea eso del e-book. Para el año que viene, seguro que ya no tendré ese problema. Lo pediré para mi cumpleaños. Y tal y como está el panorama literario, no estará de más irse familiarizando con este soporte, que no con el arte de leer.
Pero no, no me voy a llevar ningún libro. No me acordaba ya que había pensado otros planes para mí en materia de lecturas. Les cuento.
Allá por el año 2006, creo recordar, mi cabecita empezó a sufrir un extraño fenómeno. Por algo que me contaron, una idea empezó a rondar por los pliegues de mi cerebro y durante mucho tiempo, sin yo quererlo, una historia empezó a fraguarse y una obsesión me fue persiguiendo día tras día, mes tras mes. Y así, incapaz de sacarme esos fantasmas de mi cabeza y de mi vida -personajes con nombres y apellidos, escenarios con sus calles y sus plazas, tramas con nudos y subtramas-, como si de una terapia se tratara, decidí ponerla por escrito. En un año, la tenía escrita e, ilusa de mí, hice un montón de fotocopias y las envié a las editoriales, pensando que eso sería cuestión de coser y cantar. Me contestaron algunas pero la mayoría respondió elocuentemente con el silencio.
Deduje que la novela era una auténtica mierda, pero no me rendí. Todo lo contrario. Como lo único que quería era perfeccionarla, me apunté a la Escuela de Escritores del Ateneu de Barcelona y, durante tres años, entre lecciones magistrales, consejos que no tienen precio, risas, muchos ejercicios escritos con sus jodidas correcciones -la única manera de aprender a escribir es escribiendo y corrigiendo-, y unas cuantas cenas y comidas sin igual, aprendí que el arte de escribir se basa, fundamentalmente, en reflexión (pensar, pensar y pensar la historia que quieras contar), trabajo, mucho trabajo (para aprender las técnicas, para perfeccionarse, para escribir y reescribir tantas veces como sean necesarias), ilusión, mucha ilusión (para no desfallecer nunca), algo de inspiración (porque para eso se llama arte, ¿no?) y muchísima humildad (porque, después de haber escrito una novela de 300 páginas, no te puedes creer alguien genial; y, porque después de más de 50 cartas y/o mails de rechazo, tampoco te puedes creer que no vales nada).
Y después de más de cinco años desde aquel flash en que me he encontrado de todo (coeditoriales que quieren sacarte hasta el último euro; informes de lectura hechos por, no se lo pierdan, ¡un cuidador de perros!; negativas justificándose en la crisis, maldita crisis; ánimos mil para seguie intentándolo), después de varias relecturas más, después de una infinidad de consejos y después de caer y volver a levantarme, he decidido intentarlo de nuevo. Por eso, no me llevo ningún libro de vacaciones. No. Rectifico. Me llevo MI libro, MI novela (y, por qué no decirlo, MIS ilusiones y MIS esperanzas) de viaje, para volver a leerlo, para volver a corregirlo y traerlo de vuelta con un aire nuevo. Y con esta nueva versión, colgarlo en el Amazon y venderlo por 2 euros (uno, para mí y el otro, para alguna ONG o Fundación, para ver si, entre todos, podemos arreglar un poquito este mundo que con la que está cayendo...).
En fin, estos son mis planes de lectura para este veranito. Pero no se preocupen. Aquí les dejo algunos de mis libros preferidos (unos leídos más de dos y tres veces) que me han acompañado en mis viajes y han hecho que mis vacaciones (además de PGF y su cámara, de los paisajes, los vinos nuevos, los descubrimientos y los mares) tengan un sabor especial (y no me refiero a la gastronomía típica del lugar, que también):

  • María DUEÑAS, El tiempo entre costuras (una deliciosa historia en un rincón muy conocido para mí. A la espera de ver la versión televisiva)
  • André GIDE, El inmoralista (un clásico transgresor que releo cada año)
  • Ryszard KAPUSCINSKI, Viajes con Heródoto (una auténtica guía de viajes con pensamientos y lecciones magistrales dignos de ser recordados)
  • Julio MEDEM, Aspasia. Amante de Atenas (todavía no lo he leído pero promete: la vida en la Grecia Clásica, la polis, la democracia, los primeros filósofos, todo visto a través de una mujer excepcional, Aspasia, la amante de Pericles)
  • Eduardo MENDOZA, El enredo de la bolsa y la vida (fresco, tremendamente divertido, ideal para llevárselo de vacaciones)
  • Olga MERINO, Perros que ladran en el sótanos (una historia de sufrimiento y desarraigo contada con maestría)
  • Teresa MOURE, Hierba mora (un momento de la vida de Descartes. Una delicia)
  • Azar NAFISI, Cosas que he callado (todo una vida en Teherán). También es la autora de Leer “Lolita” en Teherán (sencillamente, genial)
  • Mario VARGAS LLOSA, Travesuras de la niña mala (exquisita, sensual)
  • Stefan ZWEIG, Veinticuatro horas en la hora de una mujer (tan pocas páginas para decir tanto)
  • Más de mis “moritas” y “moritos”: algo de Atiq Rahimi, Nedjma, Muhammad Xukri, Kader Abdolah, Salwa al Neimi, Fatima Mernisi, Tahar Ben Jelloun, etc., etc., etc.
  • Y, por supuestos, los cuentos de mi admirada y añorada Mercedes Abad, de Empar Moliner, Javier Tomeo, Fernando Iwasaki...

Me falta un montón de títulos pero estos son los que me llevaría a una isla desierta.


Yo seguiré con lo mío. Quizás, en setiembre, cuando vuelva, pueda anunciarles una buena nueva...

LES DESEO UN FELIZ VERANO Y UNAS ESTUPENDAS VACACIONES 3D PARA :
Desconectar
Descansar
Disfrutar


sábado, 14 de abril de 2012

DE MODAS y "MODAS"

¿Saben que es lo que más odio de la llegada del buen tiempo? Los pikis. ¿...? ¡Sí, hombre! Aquellas “fundas” de media de color carne que se ponen muchas mujeres y también algunos hombres en los pies para poder llevar los zapatos sin medias ni calcetines sin problemas de dolores ni rozaduras. Es un gran invento, lo reconozco, porque, efectivamente, gracias a ellos, se evita llegar a casa con los pies sangrando por el talón o con bombollas en el maldito juanete. Sí, señor, chapeau por su inventor. Pero una cosa es utilizarlo para tu comodidad y mantenimiento de tus lindos pies y otra cosa es hacer alarde de ellos trasgrediendo toda norma de estética, pateando el buen gusto; rayando, incluso, la “horterada”. Me explico. No puedo evitar –ni quiero, todo hay que decirlo- sonreír maliciosamente cuando, en una reunión de esas, informal, todo sentados formando un círculo (oseasé, una reunión con tiempo para todo, para escuchar y tomar apuntes, para hacer la lista de la compra, para ir planificando las vacaciones y, también, movidos por la curiosidad humana y el chafardeo más atávico, para otear el panorama pensante y hacer una repasada a modos y maneras de vestir) a principios de la temporada de canícula, cuando se ven los primeros tirantes, las primeras bermudas, las primeras faldillas y las primeras sandalias o mocasines de verano, observo algún espécimen llevando con toda dignidad y orgullo unos cómodos zapatos veraniegos, elegantes, sobrios a la par que informales, y de ellos sobresalen tímida e irreverentemente unos extraños ribetes de un material y un color un tanto impropio y desfasado para la ocasión y la circunstancia. En algunas personas, gracias a los dioses, ese ribete es mínimamente visible, lo que induce a pensar que se ha preocupado para que no se vea y el natural movimiento le ha jugado una mala pasada. Tranquilos, en cuanto se dé cuenta, completamente avergonzado, subsanará el problema en aras del bienestar y el “bienpensar” de los presentes. El problema viene cuando ese ribete sobresale escandalosamente de unos mocasines blancos –el color del verano, no me lo negarán-, beig o, incluso, azul marino y ocupa más superficie carnal de lo debido haciendo de esos pies y de esa horrenda combinación una auténtica apología del mal gusto e, insisto, de la “horterada”. No sabría decir si es por solidaridad de género o porque ya nos hemos acostumbrado a ver tal desafortunado espectáculo en las mujeres; el caso es que entre el sexo femenino, la cuestión parece más aceptable. Incluso cuando esos queridos pikis se alían con unas frescas sandalias o unas recuperadas y actualizadas manoletinas provocando un delirante festival de costuras, pequeñas carreras y arrugas. Lo peor, sin embargo –y corriendo el riesgo de que se me acuse de feminista- viene cuando uno se da cuenta de que el que (atención, estamos hablando de él, no de ella) lleva a cabo tan tamaña empresa lo hace con toda la prestancia de ánimos como si aquella lamentable, irrisoria y antiestética combinación hubiera salido de la última colección de Jean Paul Gautier o de la de Tom Ford. Es entonces cuando se debe apelar a la prudencia y a la contención para no caer en la tentación de soltar una carcajada o comentar con el de al lado, si es de confianza, entre jocoso y compasivo, tal descubrimiento en el caballero sentado justamente en frente de una servidora. Es entonces cuando se echa de menos un manual, como el de los buenos modales en la mesa, que trate cuestiones tan cotidianas, pragmáticas y, aparentemente, tan insignificantes, como el uso y abuso de los pikis. Ya tengo el título de tan necesario capítulo: Pikis: de la horterada a la oculta elegancia (o al revés), ¿qué les parece?
También debería haber otros capítulos. El otro día, sin ir más lejos, en el metro que me lleva a mi abajo, me fijé en una mujer, bien maquillada, con un peinado también perfecto, muy elegante con su traje de chaqueta, falda y americana,... hasta que, con la intención de seguir admirándome con sus zapatos, mi mirada cayó en picado sobre unas espeluznantes marcas en las medias negras, justo en la zona del empeine. Han acertado, se trataba de los redondeles que provoca el talón en las medias debido al uso y al roce, visibles solamente cuando éstas están puestas del revés. Vamos a ver, señora. Muy mona, usted, pero, ¿es que no nos fijamos cuando nos vestimos? Vale que nos levantemos pronto, vale que estemos dormidas, vale que siempre vayamos con prisas pero, por favor, cuando nos pongamos las medias, vigilemos que nos las ponemos correctamente y, si no, como lo haríamos con cualquier otra prenda de vestir, nos las quitamos y nos las volvemos a poner del derecho, ¿no?
Y lo mismo ocurre con las hombreras, esos trozos de almohadilla –ahora un tanto desfasados pero siempre pendientes del hilo de la moda-. Hay que ponérselas correctamente, tanto si están cosidas a la blusa o la americana como si nos las sujetamos con el tirante del sujetador. La cuestión es que queden bien colocadas, simétricas y perfectamente acopladas al hombro. No es por nada. Sólo que, si no es así, una puede parecer contrahecha o ligeramente descompensada...
Y, ¿qué me dicen del pintalabios? Que sirven para eso, para dar color y resaltar los labios. Sólo los labios. No las comisuras, no parte del labio superior –llamado comúnmente bigotillo- ni, por supuesto, los dientes. Porque, la verdad, no sabes qué cara poner ni cómo reprimir la risa cuando te das cuenta, en una animada conversación, de que a tu interlocutora se le ha ido la mano con el Channel Rouge número 10. Ni cómo decirle de manera discreta, sin ofender, que vaya al lavabo y que se mire en el espejo enseñando dientes (como la Pantoja dijo en su día).
Aunque, pensándolo bien, no sé de qué estoy hablando si hoy en día lo que se ve, lo que se tiene que ver es todo, absolutamente todo. ¿Qué más da enseñar los pikis si lo más normal (esta palabrita me lleva de cabeza, ¿en qué consiste, hoy en día, ser normal?) es enseñar el elástico del calzoncillo o de la braga, eso sí, de marca? Sólo falta que a alguien se le ocurra la idea de hacer “pikis” de marca. Entonces sí que será normal, atractivo y moderno enseñar esas dichosas “fundas” de media de color carne con el logotipo y las iniciales de esos dos diseñadores italianos. ¿Se imaginan?
¿Qué más da que la hombrera esté mal puesta si hoy hay que llevar camisetas que muestren el tirante del sostén? Si es que, la que no los enseña no está en la onda. Dentro de poco, ya verán, diseñarán prendas con las almohadillas por fuera y, entonces, se acabará el problema...
Y respecto al pintalabios, ídem de ídem. Si ya hay una tendencia estética que ensalza los ojos completamente negros de khol, con mucho eyeliner y kilos de rimel en las pestañas, como si te hubieras maquillado mal –por exceso- o te hubieras desmaquillado todavía peor –por defecto-, pronto llegará la moda de cubrirte toda la boca, labios, comisuras y dientes incluidos, con pintalabios. Hará furor. Si no, al tiempo. Lo malo será cuando nos quieran imponer el total maquillaje con gloss, de esos que te dejan los labios muy brillantes, sí, pero tremendamente “enganchosos”. Toda la boca, los labios, el bigotillo, los dientes, todo cubierto con esa especie de resina que nos impedirá hablar, sonreír, comer con normalidad porque tendremos que ir, para evitar pegarnos, como auténticas muñecas hinchables...