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domingo, 8 de marzo de 2015

Ayer, Hoy, Mañana, Siempre MUJER, Siempre EDUCACIÓN




MUJER
trabajadora
madre
esposa
hermana
empresaria
abuela
soltera
amiga
hija
compañera
pareja
vecina
maestra
parada
nieta
viuda
soltera 
colega 
dueña
ciudadana
...

En esencia, mujeres.
Ante todo, personas.


MUJER, dona, 女人, femme, woman, امرأة, frau, donna.

Desde siempre, hemos asociado a la figura femenina los valores del sacrificio, la abnegación, la renuncia, el sufrimiento, la resignación, y, también, la hemos relacionado con la maternidad, el cariño, la familia, la comprensión, la empatía y la educación, valores que que se han supuesto innatos e inherentes en el hecho de ser mujer.
Sin embargo, los tiempos están cambiando vertiginosamente -ahora, las razones no importan mucho: crisis, nuevas tecnologías, cambio climático, mundo laboral, alimentación, etc.- y parece que los roles, también.
Y ya toca cambiar los adjetivos que, por tradición, por costumbre, por ignorancia, por miedo, por complejos, nos han definido:
histérica
cabezona
mandona
inútil
obsesa
pesada
cabezota
quejica
obcecada
insegura
acomplejada
florero
ilusa 


por los que realmente nos describen y nos identifican.
Por eso, es necesario pararse un momento y pensar:  
¿Qué implica ser, hoy, mujer? ¿Qué significa realmente?
Paseando por la calle y observando de cerca los rostros femeninos (rostros llenos de historia y de historias, rostros que hablan del pasado, viven el presente y trabajan el futuro), quizás encontremos la respuesta.

Porque...
Ser mujer significa ser luchadora porque, ante las injusticias y contra las penurias, las manos y las voces femeninas gritan (algunos lo llaman histeria), denuncian y, ahora más que nunca, se levantan.
Ser mujer significa ser creadora, no solo para dar a luz a los hijos sino también para iluminar los momentos más oscuros y los senderos más difíciles. Ser mujer significa ser creativa para inventar nuevas formas de pensar, de hacer, de trabajar y de ir por la vida. Creativa y creadora de ideas, de soluciones, de atajos, de sensaciones, de...
Ser mujer significa ser optimista porque es el único camino para no dejarse llevar por la derrota y los malos augurios.
Ser mujer significa ser perseverante (algunos lo llaman obsesión) y no desfallecer nunca en el eterno intento de que las cosas vayan mejor.
Ser mujer es ser valiente para enfrentarse a todo aquello que obstaculiza la búsqueda de la felicidad y de la tranquilidad, para asumir las sorpresas que depara la vida, para romper los moldes.
Ser mujer es ser sabia porque, más allá de la formación que haya podido recibir, una mujer es una auténtica aprendiz de la vida y de la propia experiencia y de sus propios errores, y eso la hace sabia.
Ser mujer significa ser amante: amar de verdad, amar con todas las fuerzas, amar sin condiciones, amar y valorar la familia, los amigos, pero también los pequeños detalles, los buenos momentos, los sueños de futuro, el café a media tarde, un paseo por el barrio.
Ser mujer significa ser amada por lo que somos (con nuestras virtudes y nuestros defectos -como todo hijo de vecino-, con nuestras capacidades y nuestras limitaciones), por lo que hacemos, por lo que decimos, por lo que pensamos, por lo que conseguimos, por lo que luchamos, por lo que nos arriesgamos y por cómo hacemos todo eso
Ser mujer, hoy, significa ser...

SENSIBLE
EMPÁTICA
REFLEXIVA
DIALOGANTE
RESILIENTE
FEMENINA


Ser mujer significa creer que precisamente eso, haber nacido mujer, es lo mejor que nos ha podido pasar en la vida.

Ser mujer significa que somos iguales que los demás y que nos merecemos lo mismo que los demás.

Pero, para eso, para estar orgullosas de ser mujer -con todo lo que ello implica- y para que los demás nos vean así, necesitamos algo muy importante:

EDUCACIÓN 
para que hombres y mujeres sepamos lo que somos y que no es malo ser lo que somos;  
para que, siendo lo que somos, podamos y debamos tener las mismas oportunidades y podamos y debamos sentir lo mismo;  
para que nadie sea más que nadie;  
para que ninguna parte de nuestro cuerpo nos dé más poder ni nos lo quite;  
para que todos y todas podamos alcanzar nuestros sueños;  
para que nadie sea dueño de nadie;  
para que nadie tenga el derecho de estar por encima de nadie ni el deber de estar debajo de nadie;   
para que nuestra condición no nos condicione...


Discurso de Shakira en la Oxford Union sobre la democratización de la educación
https://www.youtube.com/watch?v=2yRm3GCZ2U4 
Discurso de Emma Watson en las Naciones Unidas sobre el feminismo y la igualdad "HEFORSHE"
https://www.youtube.com/watch?v=j-xqeTvD3as 
Discurso de Patricia Arquette sobre la igualdad de sueldos en Hollywood.
https://www.youtube.com/watch?v=cZeV9Sm3ywM
Discurso sobre la igualdad de género de Yvonne Blake: "Somos mujeres, no gilipollas"
https://www.youtube.com/watch?v=Slv0twUsk-U



Una mujer


miércoles, 26 de junio de 2013

A TODOS LOS PROFESORES, FELICES Y MERECIDAS VACACIONES


(Érase una vez un alumno que me miraba con mucha curiosidad. Yo estaba encantada con él: permanecía en silencio, atento y cogía apuntes de mis explicaciones. He aquí el resultado de tanto interés...)







SÍ, YA SÉ QUE POR INTERNET VAN PULULANDO CUESTIONES SOBRE LA EDUCACIÓN Y LAS FLAMANTES IDEAS DE WERT PERO, HABIDA CUENTA DEL INDECENTE BAILE DE LEYES EN ESTE SURREAL MUNDO DE LA EDUCACIÓN Y DE LA DOCENCIA Y SIENDO CONSCIENTES DE LA REALIDAD QUE SE VIVE EN LAS AULAS DE ESTE PAÍS, VAMOS A LLAMAR LAS COSAS POR SU NOMBRE.


·PROGRAMACIÓN: Los mundos de Yupi. 4 hojas llenas de utopías, “Contenidos”, “Habilidades” y, especialmente, “Objetivos” (¡¡jua jua jua jua!!)
·DIARIO DE AULA (o memonotas): El inframundo. 4 hojas de supuesta planificación a 15 días vista, llena de tachones y flechas debido a las “urgencias”, cambios de planes o “sorpresas” en forma de celebraciones, de actividades o de salidas culturales.
·CELEBRACIÓN/ACTIVIDAD O SALIDA CULTURAL: Literalmente, “¿qué clase me pierdo?” (válido para los alumnos y, también -no lo vamos a negar-, para los profesores)
·ACTIVIDAD EN EL SALÓN DE ACTOS (o teatro o sala polivalente o algo que se le parezca): Una horita para echar una cabezadita (en el caso de los alumnos). Una hora para relajarse o para estar como un puto radar (en el caso de los profesores)
·VIAJE DE CURSO: Ya sea con la excusa de hacer un trabajo, de fomentar la convivencia o de culturizarse, 5 días bárbaros para liarla parda (en el caso de algunos alumnos). Y en el caso de los profes, 5 días para estar como un puto radar ¡¡día y noche!! Y tres días antes: canguros, coladaas, comidas, etc., etc., etc.
. SUBRAYAR LAS IDEAS PRINCIPALES: Pintarrajear el libro de fosforito. (¿¡¡Pero quién inventó el maldito fosforito???!!!
.TAREA MULTIDISCIPLINAR o TRANSVERSAL: Aprovechar el trabajo hecho en otra materia (corregido y evaluado por otro profesor) para tener una nota diaria. (¡Esto sí que es un invento!)
·TRABAJO EN PAREJA: Corregir la mitad (¡la leche!)
·TRABAJO EN GRUPO: Corregir la mitad de la mitad (¡la releche!)
·EXAMEN DE RECUPERACIÓN: Las mismas preguntas del examen de evaluación pero cambiadas de orden. ¡¡¡¡Y algunos, ni con esas!!!!
·EXAMEN TIPO TEST: ¡La repanocha! Difícil de preparar pero genial para corregir. Si se vende la moto a los alumnos de que la autocorrección es una muy buena herramienta para reflexionar y de aprender de los errores, ni te cuento.
.EXAMEN EN BLANCO. ¡¡¡¡¡Yuhuuuuuuu!!!!!
·PPT: Una manera como otra cualquiera de tener a los alumnos distraídos durante dos semanas creyendo que están aprendiendo con las TIC, y nosotros, haciendo creer que sí.
·EXPOSICIÓN ORAL: O lo que es lo mismo, corrección inmediata. Un recurso ideal para no gastar tanto boli rojo.
·TUTORÍA: Cajón de sastre, gallinero, confesionario, rincón del vago, hora de descanso Llámala como quieras.
.TUTOR/A: Además de psicólogo, confesor, terapeuta, mediador, confidente, pseudoprogenitor, básicamente, BOMBERO: experto en apagar durante todo el curso todos los fuegos que se encienden entre los alumnos y ellos mismos, entre los alumnos y otros alumnos, entre los alumnos y sus novietes/as, entre los alumnos y los padres, entre los alumnos y las parejas de los padres, entre los alumnos y los profesores, entre los alumnos y el puto mundo
·COORDINACIÓN/JEFATURA DE ESTUDIOS: Siguiendo con el símil, tremendo Parque de Bomberos pero con mangueras más potentes y cortafuegos más radicales y contundentes.
.ENTREVISTA CON LOS PADRES: Ocasión estupenda para que:
o   Los padres (separados) se echen en cara toda la mierda que arrastran desde que se separaron.
o   Los padres (juntos) se den cuenta de que se tienen que separar.
o   Los padres (separados o juntos) hagan terapia de choque.
o   El hijo se avergüence de sus progenitores.
o   El tutor vea en el alumno una versión reducida de Dr. Jekyll and Mr. Hyde.
o   El tutor confirme aquello de “de tal palo tal astilla”
o   El tutor salga de ese encuentro murmurando “virgencita, que me quede como estoy”.
o   El tutor solicite urgentemente al jefe de estudios un relevo indefinido (otra cosa es que te haga caso)
PUEDE SEÑALAR TODAS LAS OPCIONES
·SESIÓN DE EVALUACIÓN: Una mezcla entre “Sálvame diario”, “Comando actualidad” y cualquier reportaje de animales de la 2.
·PATIO: Hablando de animales, la jungla.
·AULA: Una mezcla de club social, cámara de tortura o la jungla 2.
·ASIGNATURA MARÍA: Antiguamente, religión, dibujo, música y/o gimnasia. Ahora, con tanta tontería, todas.
·LIBRO DE TEXTO: Antiguamente, “tocharro” plagado de palabras, lecciones magistrales y muy pocas ilustraciones: una fuente de auténtica sabiduría. Ahora, con eso de que el niño tiene que ser feliz, algo parecido a un cómic, lleno de dibujos y cuatro palabrejas: un divertimento.
·DICCIONARIO: ¿Lo cualo?
·ORTOGRAFÍA: (Esto me lo dijo literalmente un alumno, palabrita del Niño Jesús) “Paranoia que alguien, que estaba "fumao", patentó para hacerse rico y, de paso, pa jodernos la vida, profe”.
·PROFESOR/A: Un/a “pringao/pringá”, un/a incomprendido/a, un/a abnegado/a o una especie de superman o de superwoman, un ente que pulula por los pasillos, las aulas y las salas de profesores pensando en la asignatura que le toca impartir aquel día, el infome del niño que tiene que ir al psicólogo, el castigo de aquéllos que han boicoteado la clase de inglés, los exámenes que se ha dejado olvidado encima de la lavadora, el registro de notas, la entrevista con aquellos padres un tanto "difíciles", el jefe que le ha recordado que tiene que querer a los alumnos y no debe suspender tanto, la ficha de trabajo, contestar los mensajes de los padres, corregir cien mil trabajos voluntarios, organizar las colonias, preparar la reunión informativa de los padres, organizar la salida que planificó a principio de curos (¡maldita la hora! Siempre pasa lo mismo, en setiembre todo son buenas ideas y muchas ganas para hacer muchas cosas). Más encima, el dalsy del enano que esta mañana tenía unas décimas de fiebre, la colada, la compra, la declaración de la renta, arreglar la estantería del salón, hablar con la señora de la limpieza (aquellos que la tengan, claro), llevar al mediano al médico, quedar con los tutores de los niños, comprarles mochilas nuevas para las colonias. Más encima, estar pendiente de los padres (de los propios, que ellos también existen), de los hermanos y sobrinos; escribir un mail a los amigos (porque eso de quedar, eso de tener vida social, ya se está convirtiendo en una gran utopía. Los niños, con las actividades extraescolares, las fiestas de cumpleaños o los encuentros con los amiguitos tienen más vida social que todos nosotros) y ejercer de pareja, ahí es ná... ¡¡¡Ya estoy agotada!!!

Yo creo que ya hemos repasado todos los conceptos que constituyen el día a día de un docente, ¿no?
¿¿¿....???? 
¡¡Jo, se me olvidaba el más importante!! El que constituye la esencia de la educación, el protagonista de nuestros días y el causante de la mayoría de los quebraderos de cabeza: EL ALUMNO.
.ALUMNO: Dícese de aquel ser de origen mitológico, con diez cabezas y veinte brazos, que, expulsado del Olimpo por los dioses, fue castigado a ser el "puto amo" de otro reino, el colegio, del patio, de los pasillos, de los lavabos, especialmente del aula. Cuenta la leyenda que, en función del humor de los dioses, este extraño, peculiar, contradictorio, amado y odiado ser puede reaccionar de diversas maneras:
+ Pasarse la clase durmiendo
+ Pasarse la clase jod... 
+ Pasarse la clase chinchando al compañero
+ Pasarse la clase cuestionando cada palabra del profesor
+ Pasarse la clase mirando las musarañas
+ Pasarse la clase intentando ligar con alguien qur le ha sorbido el seso
+ Pasarse la clase escribiendo chorradas en la agenda
+ Pasarse la clase pensando en Dios sabe qué
+ Pasarse la clase atento, en silencio, escuchando con deleite y curiosidad al profesor (juajuajuajua)

Dedicado a todos los maestros y maestras, profesores y profesoras que, a pesar de la situación (los recortes, los ministros, los jefes, algunos padres y ciertos alumnos) seguimos creyendo en eso que llaman la EDUCACIÓN y la DOCENCIA (sí, no es ninguna quimera), seguimos teniendo eso que llaman VOCACIÓN (sí, algunos la van perdiendo por el camino. se entiende perfectamente) y seguimos entrando en las aulas con alegría, confianza, paciencia y perseverancia, con la intención de enseñar, compartir, aprender y disfrutar. 

En fin, lo dicho, que FELICES Y MERECIDAS VACACIONES y hasta el curso que viene.

domingo, 9 de junio de 2013

¿El origen de la LOMCE?

Hace unos días, me llevé una agradable sorpresa. El otro día, aprendí algo que ni siquiera sospechaba. Un lunes por la tarde, después de las clases, en una entrevista con la madre de una alumna mía de Bachillerato –profesora de Lengua Castellana de ESO y Bachillerato, como yo-, me enteré de que la Secundaria Obligatoria no sirve para nada –palabras textuales-; qué digo yo, ingenua de mí -estás también fueron sus palabras-, no sólo la ESO, tampoco Educación Primaria sirve para nada. Según ella, las dos etapas –diez años de toda una vida, ahí es nada- resultan inútiles para un estudiante de Bachillerato. Para argumentar su tesis, me comentó la señora, profesional donde las haya –entre otras cosas, enseña los exámenes de su hija a los profesores de la materia en cuestión de su colegio para comprobar si tenemos nivel. Sin comentarios...-, que en Educación Postobligatoria se debe empezar de cero y que no se debe tener en cuenta nada de lo que se ha estudiado durante esos cuatro años (y los seis anteriores); que en Bachillerato ya saben abstraer y que, por lo tanto, resulta inútil pretender que apliquen los conocimientos que se impartieron durante los cuatro años anteriores; que lo verdaderamente importante empieza en primero de Bachillerato porque, con esas notas y la de las PAU (la Selectividad), se accede a la Universidad -y eso sí que es útil-. Evidentemente, dejó claro que estaría muy pendiente de los resultados de las PAU para comprobar el nivel del colegio en esta etapa tan crucial... ¿Suena a amenaza? Es obvio que no se da cuenta de que nosotros -los profesores de Bachillerato y del resto de las etapas- somos profesionales y los primeros en fijarnos en esas notas y aprender para el siguiente año.
Sin embargo, ante mi cara de estupor, ella afirmaba que estaba muy contenta y orgullosa de la trayectoria que había seguido su hija durante la Educación Secundaria,  de cómo le había ido, de lo mucho que había aprendido y del nivel que había en el colegio –incluso, escribió una carta a la revista escolar agradeciéndolo- pero que yo, como profesora de Lengua Castellana de Bachillerato, debía empezar de cero. ¿Curioso?, ¿contradictorio? Repetía que tuviera en cuenta la realidad del alumnado, que siguiera el programa a rajatabla y que –insistía- empezara de cero...

Como respuesta a tan magno descubrimiento, le dije que le agradecía el comentario, que me parecía muy interesante su punto de vista y que reflexionaría al respecto. Pues bien. Lo he hecho. He meditado largo y tendido sobre el asunto pero no he podido evitar plantearme las siguientes cuestiones:
Para empezar, ¿cómo se puede estar orgulloso de algo que no sirve para nada?
¿Qué se entiende por empezar de cero?
Si es cierto este planteamiento, que la ESO no sirve para nada, ¿cómo pueden los alumnos asimilar e interiorizar en dieciocho meses todo aquello que se ha ido enseñando –inútilmente- en cuatro o más cursos?
Si partimos de la idea de que la ESO no sirve para nada, ¿qué hacemos los maestros y profesores de esta etapa? Si ella parte de esta premisa -y lo dejó bastante claro a lo largo de la entrevista-, ¿con qué autoridad moral se presenta ante sus alumnos de la ESO?
¿Cómo se puede dar una clase a alumnos de la ESO sabiendo de antemano que lo que se va a enseñar no les va a servir de nada?
Si, realmente, la ESO es inútil y no cuenta, ¿por qué no hacemos que primero de la ESO sea primero de Bachillerato para que esos cuatro años de Educación Obligatoria no se vayan por el desagüe y SÍ sirvan para algo?
Si, efectivamente, pensamos eso, ¿podemos ser sinceros con los alumnos de esta etapa y decirles que no se esfuercen porque, al fin y al cabo, todo lo que hagan durante esos años no les va a servir para nada?
Si la ESO no sirve para nada, si en Bachillerato se empieza de cero, ¿por qué sólo pueden acceder aquellos que se han sacado el título? ¿No deberían tener derecho a estos estudios todos los alumnos de 16 años? Es más, ¿para qué van al colegio durante esta etapa?
Ante estas ideas, ¿es factible plantearse una línea de continuidad entre ESO y Bachillerato o, contrariamente, es una empresa inviable, utópica?
Si, ciertamente, los conocimientos que se intentan inculcar en la ESO no sirven para enfrentarse a un Bachillerato con más tranquilidad y seguridad, ¿con qué preparación y bagaje acceden los alumnos a los Ciclos Formativos?
¿Qué pensarían unos padres si supieran que la profesora de su hijo/a -que estudia cuarto de la ESO- considera y manifiesta que esa etapa es inútil y no sirve para nada?
Por último, ¿no son estas ideas las que echan por tierra la llamada “cultura del esfuerzo” con todo lo que ello implica: constancia, sacrificio, interés, trabajo...? ¿Ideas como ésta no son las que hacen fracasar todo el sistema educativo?
Todas estas dudas -y muchas más que van surgiendo-, de momento, no tienen una respuesta clara y convincente. Debido a ello, y después de meditarlo mucho, he llegado a una sola conclusión: Me niego a empezar de cero -y así se lo dije a la madre- porque, sencillamente, me niego a tirar por la borda el trabajo, el mío y el de mis compañeros, que se realiza durante los cuatro años reglamentarios que dura la ESO -por muy mínimos que sean sus objetivos-  y los seis de la Primaria.

Y, para acabar, una última pregunta que ha ido tomando fuerza durante toda esta reflexión: Esta idea de que la ESO no sirve para nada, ¿no es una excusa para justificar el suspenso de su hija? En otras palabras, ¿esta madre preocupada y profesional de la docencia me habría pedido entrevista y me habría explicado las verdades del sistema educativo actual -lo reconozco, soy una ingenua. Pensaba que todo lo que enseñamos a nuestros alumnos, de una manera u otra, tiene una razón de ser y un fin...- si su hija no hubiera suspendido Lengua Castellana, casualmente una de mis asignaturas...?  

Dada la realidad que se está viviendo en las aulas de los colegios e institutos españoles (sobre todo, estos últimos días de curso en que los profes ya están calculando las notas medias finales y algunos alumnos, después de hacer el vago redomado durante estos meses de clase, ya empiezan a ver las orejas al lobo) y teniendo en cuenta lo que se nos viene encima con la ley que ha ideado nuestro flamante ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, las palabras de esta madre están adquiriendo cierta relevancia en mis planteamientos sobre esta profesión y me veo obligada a repensar algunos de los términos más importantes de este singular, variable y, a veces, desesperanzador “mundillo” de lecciones, pupitres, ordenadores, alumnos y profesores estresados.
Empecemos por la misma ley, la LOMCE, Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa. Pero, ¡vamos a ver, hombre de Dios!, ¿a quién pretende engañar? LOMCE: ¡¡¡Lourdes O Maquillamos los Cates Españoles!!! Porque, de eso se trata, ¿no? El propósito es ese, ¿verdad? Hacer que nuestros alumnos aprueben todos los exámenes. Parece ser que todo se reduce a eso. O, si lo prefieren, LOMCE: ¡¡¡¡Lourdes O Menos Catetos Estudiantes!!! Para poder competir con Europa, para poder competir en el mundo de la empresa y en el de las finanzas, para poder ganar más dinero. Porque, parecer ser que de eso también se trata, de convertir a nuestros alumnos en auténticos gladiadores que compiten en la famosa arena. O, pensando en esa madre/profesora sin igual, LOMCE: ¡¡¡Lourdes O Maestros con Entusiamo!!! Para que no haya maestros y profesores estresados, sin ganas de nada, de baja por depresión; para que no perdamos el entusiasmo ante ciertos comentarios peyorativos y desalentadores. 
Porque, usted, señor ministro, a la hora de redactar la ley, también pensó en los profesionales de la educación y de la formación, ¿no? Habló con ellos, les preguntó, los consultó y anotó todas las sugerencias que le hicieron, ¿no? ¡¡¿¿No??!!

viernes, 8 de febrero de 2013

LA CALIDAD EDUCATIVA. ADOLESCENTE, ¿VÍCTIMA O VERDUGO DE ESTA SOCIEDAD?


De un tiempo a esta parte, quizás debido a los cambios producidos últimamente por la crisis económica (paro, desahucios, recortes salariales, impuestos, recorte en las inversiones, etc.), crisis política (pérdida de horizontes claros y descrédito por parte de nuestros dirigentes vs. desafección y desconfianza por parte de la ciudadanía ), crisis moral (corrupción, hipocresía, ambición, mentiras, etc.); quizás debido al ¿nuevo? papel de los medios de información y comunicación -léase, idiotizar, adocenar, manipular, más que informar y entretener-, quizás a las nuevas maneras de ocio que existen actualmente o quizás, insisto, al ir y venir de las leyes de educación que, al paso que vamos, va a acabar con nuestra paciencia y nuestra confianza en el sistema fin, la realidad de nuestros niños y adolescentes ha ido cambiado, en estos últimos años, especialmente en estos últimos meses, inexorable y considerablemente. Pero esta metamorfosis paulatina no ha sido exclusiva de la figura del joven –sus prioridades, sus pensamientos, sus hobbies- sino también de los grandes conceptos que han acompañado desde siempre al ser humano: sociedad, familia, educación, trabajo, comunicación, religión... Y, como muy bien dijo un día alguien que sabe de modificaciones y “cataclismos”, cualquier cambio supone crisis y cualquier crisis exige un cambio, entendidos estos dos términos como readaptación y/o reestructuración. Y una crisis o un cambio, según cómo sean gestionados y canalizados pueden desembocar en oportunidad y mejora o, contrariamente, en estancamiento y fracaso.
En estas coordenadas actuales, en pleno siglo XXI, se encuentra el ADOLESCENTE y de todos es sabido que, por su naturaleza y sus circunstancias, se ve poderosamente influenciado por tres elementos claramente diferenciados y en constante evolución: FAMILIA, ESCUELA y ENTORNO (o lo que se conoce de una manera más difusa y vaga con el nombre de SOCIEDAD) y no precisamente en este orden de importancia. Paradójicamente, estos tres ámbitos constituyen, en mayor o menor medida, causa activa de las reacciones y de los cambios propios de la época adolescente pero también “sufridores” pasivos de su comportamiento. 
En primer lugar, quizás porque es donde el joven pasa la mayor parte del día durante nueve meses, se encuentra la escuela, único lugar y entorno en el cual –parece ser- se deben inculcar y desarrollar los valores que hagan de esta “personita” un hombre o una mujer de provecho, de futuro y con futuro, así como garante exclusivo de su formación integral. Pero, ¿qué está ocurriendo allí? 
Para responder esta pregunta, habría que empezar por los cimientos: la ley o las leyes. Ciertamente, no es la única responsable de esta situación que se está viviendo de un tiempo a esta parte, pero sí se puede afirmar que ha influido notablemente en el desarrollo de los “acontecimientos” para llegar a este punto ¿sin retorno? ¿Qué se puede esperar de un sistema educativo que está deviniendo constante moneda de cambio en los programas electorales de partidos políticos cuya permanencia en la Moncloa es su máxima aspiración? ¿Cómo es posible que, teniendo en cuenta que los principales “sufridores” de este sistema han de forjar el futuro de nuestro país, todavía nadie se haya percatado de la importancia y del beneficio que supondría la existencia de unas leyes consensuadas y pensadas siempre en aras del crecimiento y del desarrollo intelectual, emocional y físico del niño y del adolescente; unas leyes trabajadas desde el mismo terreno de juego –si se me permite el argot futbolístico- por hombres y mujeres que conocen de primera mano la realidad de las aulas, de los pasillos, de los lugares de recreo y, también, de la calle? ¿Cómo es posible que nos hagan “comulgar” con (y aplicar) unas leyes utópicas, con unos recursos materiales y humanos –en definitiva, con unos recursos económicos, porque, no nos vamos a engañar, parece ser que todo se reduce a eso, a una simple cuestión pecuniaria- inasumibles (por ser escasos para llevar a cabo la práctica docente con un mínimo de profesionalidad y eficacia) o inalcanzables (por ser desmesurados y, por consiguiente, irreales); una leyes dictadas desde unos despachos por hombres y mujeres que dejaron el colegio hace mucho tiempo, sin contar con la opinión, el criterio y la experiencia de maestros y profesores, psicopedagogos y padres, sin escuchar -aunque para algunos parezca una osadía- la voz de los alumnos? ¿Cómo se puede entender que nuestros dirigentes todavía no han caído en la cuenta de que, para que la EDUCACIÓN vuelva a ser un pilar fundamental en nuestra sociedad y obtenga los resultados que se esperan, tiene que estar valorada y dignificada y que eso sólo se podrá conseguir con una política educacional estable, que vaya más allá de los colores y las ideologías, que tenga como principal objetivo la formación integral del niño y del adolescente y no el desprestigio y la humillación del partido de la oposición y aspirante al poder? 
Por si esto fuera poco, este baile de leyes (Pongamos desde la EGB, el BUP y el COU, hemos sufrido la LOECE, la LOGSE, la LOCE, la LOE, y ya estamos sufriendo las precuelas de la LOMCE...) poco han favorecido (ni favorecen) la labor docente y la tarea de cualquier estudiante que se precie como tal. El clásico “enseñar deleitando”, que tanto se defendía antaño, dio paso al método “la letra con la sangre entra” y, en los últimos años, se fue tergiversando y viciando hasta convertirse en “divertir y, si aprenden algo, mejor...” Aquel sistema, aún vigente y avalado por algunos, defendido y practicado por otros compañeros de profesión y expertos en la materia, sólo ha sembrado la desgana y la desmotivación entre los alumnos y un rechazo absoluto a la llamada “cultura del esfuerzo”, lo que supuestamente defiende la nueva ley: disciplina, constancia, paciencia, afán de superación, método, implicación, estudio, curiosidad, espíritu crítico, humildad y proyección de futuro. Lástima que la quieran imponer coartando la libertad del propio gremio (vamos mal, muy mal). Con este "bailad, malditos, bailad" y con unas expectativas de futuro que pasan por marcharse al extranjero, cada vez hay menos chicos implicados, interesados y concienciados en eso que llamamos formación, investigación y profesionalización (algunos de ellos, incluso, han sido tachados por sus propios compañeros e, incluso, por sus maestros y profesores de “raros”, “especiales”, “amargados”, “pelotas” y, en ciertos casos, han sido convertido en clara diana del tan temido y desgraciadamente conocido bullying –aunque para algunos sea simplemente un hecho puntual...-). Haciendo una mera descripción objetiva de la realidad y quizás resultando un tanto radical y pesimista, lo que predomina actualmente en las aulas de nuestros colegios e institutos son adolescentes carentes de interés por nada, de curiosidad, de ganas de saber, de metas, de ilusiones, de afán de superación por lo que, ante un fracaso –un suspenso- o una negativa, tienen pocas opciones: tirar la toalla y dedicarse a molestar a los compañeros, boicotear la clase y amargar la vida de los profesores o tirar la toalla y practicar el absentismo y convertirse en NINIs, “carne de cañón” poniendo en jaque, en ambos casos, a todo el equipo docente, a los padres y a inspección y provocando, en numerosas ocasiones, una situación de desesperación, impotencia y rabia. 
Ante este panorama, los profesores, además de intentar transmitir unos conocimientos para que nuestros alumnos tengan un mínimo bagaje cultural, nos vemos obligados a inculcarles –contra viento y marea, es decir, contra el sistema, contra los propios alumnos, contra la sociedad, contra los medios de comunicación y, en algunas ocasiones, contra la opinión de los mismos padres - una serie de valores que parecen haber perdido toda razón de ser por considerarse obsoletos e improductivos. No es fácil. No está resultando nada fácil.
Y flaco favor hace la televisión con esos programas –series, reality-shows, concursos, “teleencierros”, talk-shows, etc.- que se han erigido en estandartes de los nuevos valores (yo los llamaría contravalores): dinero fácil, éxito rápido, ocio remunerado, recompensas inmediatas, mínimo esfuerzo, culto al cuerpo, desprecio a la mente y todo un supuesto mundo de glamour y fama –malentendida fama-, al alcance de cualquiera, que atrae a los más jóvenes y los convierte en seres sin criterio, autómatas cuya máxima aspiración en la vida –emulando a sus ídolos- es hacer dinero sin estudiar ni trabajar. A modo de ejemplo, para ilustrar lo dicho anteriormente, si nos fijamos en la “parrilla” televisiva de un día cualquiera, nos damos cuenta de la casi total ausencia de programas atractivos y entretenidos para ojos, oídos y mentes de niños y adolescentes que los animen a leer, a esforzarse, a estudiar, a sacrificarse, que ayuden a desarrollar capacidades y aptitudes como la labor en equipo y el trabajo bien hecho y que potencien cualidades como la empatía, la solidaridad, la eficacia sin que haya por medio un cheque, una portada de revista, una entrevista o unos minutos en lo que parece ser el pasaporte al “estrellato”, los programas “basura”. Por no hablar de los programas informativos, en su mayoría, tendenciosos, partidistas, nada objetivos, meramente especulativos, que responden, ¡cómo no! a una ideología clara y cuya única pretensión es manipular las mentes y los pensamientos de las televidentes. Pensamiento único para hacer de nosotros lo que quieran. No pienso, luego existo (¡Si Descartes levantara la cabeza...!) Pero no es la televisión el único medio de entretenimiento y de información de los jóvenes que, si bien no es nociva en sí misma, se puede afirmar que sí se está utilizando de manera inapropiada. Los videojuegos, en estos últimos años, se han erigido en “los reyes” del ocio y la diversión –junto con el botellón y las drogas, sólo hay que ver las estadísticas y los datos proporcionados por el Ministerio de Sanidad- y también están provocando en nuestros niños y adolescentes una seria y grave de-formación porque, a pesar de desarrollar habilidades y destrezas psicomotrices, están postergando al “jugador” al ostracismo más absoluto y provocando trastornos adictivos impidiéndole relacionarse con sus iguales con toda normalidad. Y, ¿qué se puede decir de Internet? No cabe duda de que es una buena y potente fuente de información, comunicación y entretenimiento –siempre y cuando se utilice como es debido (y, para ello, son necesarios la reflexión, el espíritu crítico y, obviamente, una serie de conocimientos previos, veraces y serios) y sus contenidos sean tratados con rigurosidad y corrección- pero, si no se gestiona adecuadamente (atendiendo a la edad y las necesidades del “navegante”), puede ocasionar problemas en los más jóvenes además de proporcionar un alud de información que, en vez de aumentar su bagaje cultural, lo único que hace es sumir al consumidor en la desinformación y el desconcierto. (además de todo eso, un dato más: supongo que conocerán la página de elrincondelvago o parecidas que fomentan el plagio. Desde ellas, se puede “bajar”, imprimir y presentar al profesor cualquier trabajo de Primaria, ESO y Bachillerato con sólo cuatro movimientos de “ratón”. ¿Dónde quedaron las tardes de biblioteca, las noches leyendo, redactando y corrigiendo? Sólo le veo una ventaja a esta nueva herramienta: nos obliga, a los profesores y padres, a estar al día en esto de las TIC para que no nos den “gato por liebre”). El WhatsApp, el Facebook, el Twitter y demás redes sociales tampoco favorecen la “cultura del esfuerzo”. Efectivamente, son útiles y beneficiosos si se gestionan y/o se controlan adecuadamente pero no podemos olvidar que estos medios de información, comunicación y diversión constituyen los paradigmas de la inmediatez y la facilidad –por no decir de la mala escritura- (justo todo lo contrario a lo que precisa un buen estudiante o un buen profesional)- y favorecen la creación de una realidad virtual que va cogiendo fuerza y credibilidad por momentos. 
 Y, ante toda esta avalancha de estímulos, ¿quién o quiénes deben actuar cómo gestores de estas “modernas herramientas” y, en última instancia, quién o quiénes deberían ser los auténticos y verdaderos artífices y garantes de la educación de estos niños y adolescentes? Sencillamente, los padres. Esos padres trabajadores, agobiados, esclavos del reloj y las facturas, sin tiempo suficiente para dedicarles a sus hijos (ni paciencia, en muchas ocasiones). Padres que, acuciados por los fantasmas (desgraciadamente, cada vez más cercanos y reales) del paro y de los recortes salariales, fieles seguidores de la sociedad del bienestar o sociedad de consumo -¿existe diferencia?-, pretenden hacer de aquello extraordinario que tuvieron de jóvenes algo cotidiano, “normal” en la vida de sus hijos. Padres que intentan compaginar trabajo, familia, aficiones y amistades sin mucho éxito. Padres que luchan para proporcionar lo mejor, lo más fácil y lo más placentero a sus hijos sin concederles la oportunidad de equivocarse o fracasar. Padres que, en su afán de acallar sus conciencias y, de manera equivocada, inculcar a los hijos las ganas de trabajar y aprender para, en última instancia, aprobar, equiparan un “suficiente” o un título académico con una moto o cualquier otro regalo. Padres que no quieren tener problemas con sus “retoños” y, por ello, no se atreven a decir NO o a infligir un castigo y, cuando lo hacen, se ven incapaces de mantenerlo, entre otras razones porque decir NO al hijo supone decirse NO a uno mismo –es lo que llamamos coherencia, algo que no siempre es fácil de mantener- y castigar al hijo implica castigarse uno mismo –y no siempre estamos dispuesto a sacrificarnos hasta tal punto-. Padres que, por no tener tiempo (ni, a veces, ganas) de dialogar y pactar con sus hijos, imponen su ley o los callan con cualquier bagatela sin permitirles que la obtengan con su propio esfuerzo y, así, aprecien su valor. Padres que, bajo el sincero y lógico deseo “yo lo único que quiero es que mi hijo sea feliz”, los liberan de obligaciones y deberes, de responsabilidades y esfuerzos desautorizando las decisiones de los profesores, desprestigiando, incluso, su labor como co-educadores y haciendo de sus hijos (nuestros alumnos) pequeños e indómitos monstruos. Padres que utilizan el centro escolar como un auténtico parking de sus hijos, que ceden al colegio la responsabilidad, el deber pero también el derecho de educar a sus hijos, pero que, paradójicamente, recriminan cualquier decisión del profesor y contaminan de negatividad e inutilidad el placer de la lectura, la satisfacción del trabajo bien hecho y el gozo de saber por saber aunque ello suponga tiempo, esfuerzo, constancia y su recompensa llegue a largo plazo (si es que llega). 
Y este es el resultado: niños y adolescentes consentidos, insolentes, excesivamente mimados, vagos, provocadores, egoístas, irrespetuosos, incívicos, caprichosos, intolerantes, carentes de límites, con bajo umbral de frustración, prepotentes y muy conscientes de su situación privilegiada: son, y se saben, los nuevos dioses a pesar de mostrarse ante los mayores como víctimas de la sociedad y se aprovechan de ello aunque, en el fondo, anhelen una figura autoritaria, un referente sin fisuras. Pero, aunque nos pese, el problema no se acaba en la ESO y el Bachillerato. Debido a la influencia de los cambios en el sistema educativo obligatorio y postobligatorio y, consecuentemente, a los cambios que se están produciendo últimamente en su concepción y organización, la Universidad tampoco parece que esté viviendo su mejor momento. Los niveles de exigencia y los resultados también han sufrido un descenso considerable y los que consiguen acabar los estudios superiores tampoco pueden garantizar una solvencia conceptual y teórica y una competencia profesional, a pesar de esperar una gran y ascendente carrera laboral y –a modo de ejemplo- pedir, en su primera entrevista de trabajo, como si fuera la cosa más usual del mundo, un gran sueldo, un horario estupendo, vacaciones de 2 meses –como en el colegio y en la universidad- y unas prerrogativas (léase móvil de empresa, coche de empresa, tarjeta de crédito, vales de restaurante) que sólo se consiguen una vez contrastada y demostrada la valía. ¿Cómo se le puede pedir a un joven de veintitantos años que asuma el hecho de que una buena carrera profesional siempre empieza desde abajo, que debe ser humilde con sus pretensiones, que debe ser respetuoso con los jefes, los compañeros y las normas establecidas, que debe demostrar día a día sus capacidades y habilidades, superando -con tesón y su mejor sonrisa- obstáculos y zancadillas y que sólo con esfuerzo, trabajo, constancia, afán de superación, empatía y sacrificio puede forjar una buena y sólida carrera profesional? ¿Cómo se puede pretender todo eso de un joven que no lo ha aprendido e interiorizado a lo largo de su vida como estudiante, bien porque no se lo han enseñado, bien porque no lo ha creído necesario aplicar para la consecución de sus deseos y necesidades, en ambos casos debido a la desidia de padres y docentes? Yendo más allá, ¿cómo podemos confiar en el futuro de nuestro país, en nuestro propio futuro, si depende de ellos, si ellos deben hacer posible ese futuro?

Y, ante este panorama tan desolador y decepcionante, cabría plantearse una cuestión: ¿está todo perdido? La respuesta es NO, un tajante y rotundo NO. No todo está perdido. Afortunadamente, todavía existen personas comprometidas con eso que llamamos EDUCACIÓN: políticos concienciados de que unas leyes bien pensadas, consensuadas y estables constituyen la única vía para que el sistema educativo y su comunidad tengan el lugar que se merecen en nuestra sociedad; profesores formados, bien formados, coherentes, abiertos y convencidos de que una buena formación humana, intelectual y emocional de los niños y adolescentes sólo se consigue con disciplina y paciencia y que es la garantía del futuro del país; padres responsables, valientes, implicados y conscientes de lo que supone educar a un hijo: seriedad, coherencia y mucho amor y, por último, alumnos motivados, curiosos, críticos y sabedores de que el aprendizaje –de conocimientos, de hábitos y actitudes- y el desarrollo de capacidades y aptitudes es el único camino. Este grupo de personas constituyen la esperanza para el presente y el futuro.
¿Juventud en cambio? ¿Juventud en crisis? Puede que sí pero nuestra obligación -como políticos, maestros y profesores, psicólogos, padres y empresarios- es despojar este término de sus connotaciones negativas para convertirlo en un reto y una oportunidad de mejora y progreso. Para ello, sería necesario y urgente dejar de divagar, de imponer, de especular, de teorizar sobre el problema que estamos sufriendo todos. Deberíamos dejar de buscar culpables en este ente abstracto que llamamos sociedad, deberíamos dejar de ir pasando la pelota como si de un partido de tenis se tratara (parece que en eso consiste la política, ¿no? En vez de sacrifico y compromiso, en vez de trabajar conjuntamente por el BIEN COMÚN, un simple partido de tenis, individuo contra individuo, partido contra partido, a ver quién gana el último set). No es cuestión de señalar con el dedo a alguien o a algo y sí de responsabilizarnos para abordar la cuestión desde todos los ámbitos –político, administrativo, familiar, escolar, laboral, psicológico- poniendo nombre propio a sus protagonistas. Como bien dijo un día alguien que sabe de cambios y crisis: Deberíamos dejar de pre-ocuparnos tanto y ocuparnos más.

sábado, 19 de enero de 2013

LOS AUTÉNTICOS "RESCATADORES"

Cada año lo había visto en la televisión: deportistas famosos visitando los hospitales y Reyes Magos entregando regalos a los niños en las plantas de pediatría. Cada año observaba en la pantalla las sonrisas de los niños enfermos y las miradas gratificantes de las madres abnegadas y entregadas y de los padres pacientes y solícitos. Cada año reflexionaba sobre la labor de los médicos, las enfermeras y demás personal durante estos días de especial significado. Y este año, nos ha tocado a nosotros, a mi familia, y hemos vivido en carne y hueso todo lo que veíamos tan cómodos desde el sofá del salón.
Durante estos días de magia, ilusión y sueños, en la planta de Pediatría del Hospital Sant Pau de Barcelona, hemos vivido, entre batas verdes, tubos de oxígeno, mascarillas, chutes de adrenalina y bombonas de helio, la visita de Xavi, Alba, Montoya y Thiago del Barça y la llegada de los Reyes Magos de Oriente y de la Tuna. Han sido ellos quienes, de una manera u otra, han roto la monotonía de horas de espera y días sin fin, y han hecho que las jornadas de hospitalización tuvieran algo de positiva emoción.
Sin embargo, para ser sincera y honesta, tengo que decir que la verdadera magia proviene de otras personas, personas anónimas que no salen en la tele, que no son famosos, y que, lejos de cobrar un dineral y a pesar de los recortes salariales, siguen poniendo todo su empeño y su profesionalidad para que el sistema público de sanidad continúe funcionando y que los enfermos se vayan curando poco a poco. Por toda la labor realizada en silencio, en el anonimato y en la honradez, GRACIAS. Gracias y ánimos a los médicos, a las enfermeras, a los auxiliares, al personal de limpieza, a los voluntarios por atender cuidadosamente nuestros enfermos (y familiares) sin escatimar esfuerzos ni horas ni sonrisas. Gracias por seguir trabajando y luchando por lo que es justo y necesario.
Estamos muy agradecidos pero no puedo evitar pensar en la gran paradoja que he presenciado: arriba, deportistas célebres y ricos, managers, regalos, representantes de grandes empresas; abajo: tiendas de campaña, pancartas y recogidas de firmas que evidencian la lucha contra los recortes y las injusticias que se están cometiendo en el ámbito de la Sanidad.
Sanidad, Educación, Cultura, Bienestar... No puedo evitar sublevarme contra tanto político ambicioso e incompetente, contra tanto recorte sin escrúpulos y sin futuro y contra tanto rescate sin sentido. No, señores políticos, no se engañen: ante tanta injusticia, tanto desagravio y tanta hipocresía, quienes están rescatando el país no son ustedes sino esos ciudadanos anónimos que, a pesar de todo, siguen al pie del cañón alzando la voz y tendiendo la mano. Esto no es una paradoja, es una maldita ironía.

domingo, 25 de noviembre de 2012

CARTA A MIS QUERIDOS POLÍTICOS

Mis queridos políticos y demás personas que ostentan un cargo público, económico o judicial -y, por ello, tienen la enorme responsabilidad de tener mi vida, mi bienestar, mi seguridad y mi futuro en sus manos-,

Les escribo esta carta porque estoy muy preocupada por ustedes.

Sí, resultará extraño y un tanto paradójico que una ciudadana cualquiera, en vez de alarmarse por la situación tan nefasta que estamos viviendo y manifestarse en contra de las injusticias, muestre una cierta sensibilidad por ustedes.

Mis queridos políticos (presidentes, alcaldes, diputados, ministros, asesores, directores, etc. etc.), ¿cómo están?, ¿cómo se encuentran? ¿Pueden dormir bien cada noche?, ¿sufren de insomnio,? ¿y de estreñimiento?, ¿tienen pesadillas, ¿padecen de cefalea?, ¿cómo llevan las cervicales?, ¿sufren de ansiedad o de depresión?, ¿viven episodios de estrés en general? ¿O, sencillamente, están tristes, desanimados y desesperanzados?

Se lo pregunto porque yo, con todo lo que está cayendo, sí que estoy viviendo y sufriendo en mis carnes, un día sí y otro también, todas estos síntomas y, cuando tengo que echar mano de fármacos para combatirlos, siempre me vienen a la cabeza sus rostros, siempre impasibles, sonrientes, impermeables, y sus palabras, siempre vacías, falsas, inoportunas, y me pregunto, mis queridos presidentes y demás políticos:
Cuando eran pequeños, ¿sus papás y sus abuelos no les decían que era feo mentir, que con las mentiras no se iba a ningún sitio, que se pillaba antes a un mentiroso que a un cojo? ¿Acaso no les enseñaban que mentir y engañar era de cobardes, que siempre había que ir con la verdad por delante aunque eso supusiera una reprimenda o quedarse sin tele o sin salir con los amigos? ¿Acaso no les decían que la mejor manera para no mentir, par no recurrir a la mentira, era hacer las cosas bien?
Cuando eran pequeños, ¿no les decían que, si hacían algo mal, debían reconocerlo y asumir la responsabilidad en vez de echar la culpa a otro o, sencillamente, decir “yo no he sido”?
Cuando eran pequeños, ¿sus papás no les decían que no se podía hacer trampas cuando jugaban al parchís o a las cartas o a cualquier otro juego? ¿No los insistían en que los tramposos siempre eran rechazados por los compañeros y los amigos, que nadie quería jugar con los tramposos y los mentirosos ni tenerlos como amigos y que había que echarlos del juego?
Cuando eran pequeños y se acercaba la época de Navidad y Reyes Magos o el día del cumpleaños, ¿acaso sus papás y sus abuelos no les decían que no se debía ser egoísta ni ambicioso, que los Reyes Magos traerían lo que buenamente pudieran porque había más niños que también querían juguetes? ¿No les decían que había que ser humilde y generoso y, sobre todo, pensar si se habían portado bien para merecer tantos regalos? ¿No les insistían en que había niños que no tendrían regalos y que había que pensar en ellos?
Cuando eran pequeños, ¿sus papás y sus abuelos no les decían que robar era pecado?
Cuando eran pequeños e iban al parque, ¿sus papás no les decían que había que compartir el cubo y la pala con los otros niños que no tenían juguetes?
Cuando eran pequeños, ¿no les decían que no se podía hacer daño a nadie, que no se podía pegar a nadie, ni escupir, ni tirar de los pelos, ni empujar, que debían ser niños buenos y portarse bien?
Cuando eran pequeños, ¿no insistían en que si lo hacían, si mentían, si pegaban, si cogían cosas que no eran suyas, si empujaban, si hacían daño a alguien, debían pedir perdón y decir que nunca más lo volverían a hacer?
Cuando eran pequeños, ¿no les decían que las cosas se debían hacer siempre bien porque era su obligación y nunca para conseguir una recompensa?, ¿que había que estudiar, ordenar la habitación y ser cariñosos por el simple hecho de hacerlo, que la única recompensa era la propia satisfacción por el trabajo bien hecho?
Cuando eran pequeños, ¿no les decían que el interés, el trabajo, el esfuerzo y la constancia eran las únicas herramientas para sacar buenas notas, que no valía hacer chuletas, copiar o chivar -en definitiva, hacer trampas- en los exámenes?
Cuando eran pequeños y pretendían justificar sus malas acciones con promesas como “mamá, te prometo que no lo volveré a hacer”, ¿acaso no les decían que las palabras se las lleva el viento, que lo único que vale son los hechos?
Cuando eran pequeños y no cumplían sus promesas, ¿acaso sus papás no apelaban a la responsabilidad, a la honestidad, a la sinceridad,a la bondad, a la seriedad y al compromiso?
Cuando eran pequeños, ¿sus papás y sus abuelitos no les decían que...?

¿Se acuerdan? Yo sí me acuerdo de todo eso que me decían mis padres y mis abuelos y mis profesores cuando era pequeña y, ahora que ya soy mayor, procuro tenerlo siempre presente. A veces cuesta mucho, más de lo que debería, pero no cejo en el empeño de ser humilde, trabajadora, honesta, generosa, solidaria, coherente y consecuente (quizás sea esto último lo que más cuesta). ¿Y ustedes? ¿Ustedes lo tienen presente o han hecho tabula rasa de todas aquellas enseñanzas que recibieron y de todos esos valores que les inculcaron desde que nacieron? Si me permiten ser sincera, me parece a mí, visto lo visto y oído lo oído, que ya se han olvidado de todo eso, y yo vuelvo a preguntar:
¿Dónde fueron a parar tantos años de educación, de ética, de diálogo, de esfuerzo para que ustedes fueran, sencillamente, buenas personas? ¿Se han planteado alguna vez cómo se deben (deberían) de sentir sus padres, sus abuelos, sus maestros cuando los ven y los oyen prometer en vano, mentir sin escrúpulos, falsear en aras del propio beneficio? Si algunos de ellos levantaran la cabeza...
Y ustedes, ¿cómo se sienten? ¿Pueden vivir tranquilos con todo lo que esta pasando? ¿No se sienten culpables o, como mínimo, responsables? ¿Cómo están sus conciencias? ¿Hacen acto de contrición? ¿Van a misa?, ¿y se confiesan?, ¿y qué le dicen al sacerdote? ¿Cómo pueden sobrellevar la enorme carga que suponen los suicidios de esas personas que se vieron obligadas a dejar sus casas, los heridos que sólo intentaban manifestarse por una vida mejor y más justa, los parados, los jóvenes universitarios que no tienen otra opción que salir del país? ¿Cómo pueden llevar sobre sus hombros la muerte de personas por la mala gestión y la avaricia y la ambición...? ¿Cómo pueden seguir sonriendo y seguir prometiendo  sabiendo que están destruyendo la educación, la sanidad, la información, la cultura, el bienestar, en definitiva, el futuro de este país? ¿Cómo pueden seguir apoyando y manteniendo en sus cargos a auténticos ladrones, estafadores, incompetentes? ¿Cómo pueden seguir viviendo? Lo que les decía al principio, ¿no sufren migrañas, insomnio, estreñimiento, ansiedad? Por lo que parece, no, porque, si no, no me lo explico.
Pero lo peor no es esto, lo peor es: Con todo este panorama, mis queridos políticos, ¿cómo se atreven a reclamar nuestro voto, cómo se atreven a pedirnos confianza y paciencia, cómo se atreven a mirarnos a la cara y seguir hablando como si no pasara absolutamente nada? ¿Acaso nunca les enseñaron sus papás y sus abuelos que, cuando hacían algo malo, tenían que agachar la cabeza y estar calladitos... mientras esperaban el castigo?