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sábado, 21 de junio de 2014

MARIO Y SUS MICRORRELATOS

"Cuando me di cuenta de que le gustaban los tonticos, ya era demasiado tarde para hacerme el mongui."

Esto dijo mi amigo Mario cuando me contaba una de sus aventuras erótico-festivas mientras tomábamos una cerveza en el Casal de la Prospe, en la plaza de Ángel Pestaña. 

Me reí. Me reí mucho. Me paré a pensar. Y exclamé: "¡Coño, Mario, pedazo de micrerrelato te has sacado de la manga, así, como quien no quiere la cosa! Y Mario, con esa mirada azul, esa sonrisa picarona y esa falsa modestia del que se sabe buen escritor pero todavía por descubrir, respondió: "Pues sí, me salen constantemente. Yo soy así. Mi vida es así. Mi vida no es un relato. Sólo microrrelatos."

domingo, 20 de abril de 2014

ULISES (microrrelato)


Una soleada mañana de domingo. La terraza de un bar. Un aperitivo. Un hombre con la prensa bajo el brazo. Un niño de cuatro años. Y un cachorro de Golden Retrevier.

-Papá, ¿puedo ir a jugar con Ulises?
-Sí, pero no os alejéis mucho.
-Vale. ¡Vamos, Ulises!

El suplemento de economía. Una cerveza y un refresco. El niño y el perro yendo y viniendo. El dominical. Unos berberechos y unas patatas fritas. Los resultados de la liga. El niño y el perro jugueteando entre las mesas de la terraza. Y una mujer que vocifera cerca de allí:

-Perdone, ¿es suyo?
-Sí, pero no hace nada, tranquilo.
-Es que no me deja leer.
-Es muy pequeño, sólo quiere jugar.
-Pero es que me está molestando, ¿no lo está viendo?
-Si no se mueve, no le hará nada.
-Todos son iguales. Como tienen uno, se piensan que a los demás nos tiene que gustar también. Haga el favor de llevárselo de aquí.

El hombre se levantó, se acercó a la mesa, lo cogió en volandas y lo ató a su silla.

Y Ulises siguió correteando por ahí.


sábado, 26 de mayo de 2012

¿MICRORELATOS?

CRUDA REALIDAD

Sudoroso y expectante estaba Óscar sentado, de madrugada, ante la hoja en blanco de su ordenador. Su cabeza era un hervidero de ideas:
Una piel que rezumaba vistosos grafittis, una esencia moruna, un nombre: Amín, cervezas en el Mendizábal, los libros de Sant Pau, un amante cristiano, una traición y un enorme gato como testigo.
Óscar sonrió. Tenía una historia. Se desentumeció los dedos y, con los ojos cerrados, respiró hondo.
Un suave velo abrazó su pecho todavía exaltado, breves alas de mariposa le rozaron la mejilla y unos labios carnosos inundaron su boca con palabras y metáforas.
Borrachos de tanto fértil placer, sus dedos no dejaron de volar sobre el teclado. Y los renglones negros sobre fondo blanco fueron tomando sentido.
Volvió a abandonarse y esperó, de nuevo, aquel cálido aliento en su rostro -sí, ahora sí-, pero una voz metálica le susurró al oído:
Espera, no seas impaciente; todavía te falta agudizar el conflicto, rellenar la ficha de los personajes, redactar la sinopsis y hacer la escaleta…  

EL OTRO STRÓMBOLI

El "Onas" en el laberinto de viento;
abajo, en apenas tres metros cuadrados, dos cuerpos desnudos:
tu mano en mi sexo y, de nuevo, otra explosión....