Mostrando entradas con la etiqueta Reyes Magos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reyes Magos. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de enero de 2013

CUERPOS Y CUERPAZOS

“Las muñecas de Famosa se dirigen al portal para hacer llegar al Niño su alegría y su amistad. Y Jesús en el pesebre se ríe porque está alegre...” ¿Se acuerdan? Qué tiempos aquellos en los que los Reyes Magos recorrían cientos, miles de kilómetros, para colocar junto al zapato limpio unos cuantos juguetes, cajas de colores y monedas de chocolate. Y carbón si nos habíamos portado mal durante el año que acababa de acabar. Para mí, sigue siendo lo mismo: sigo poniendo el zapato y sigo esperando, ilusionada, los regalos, que se van adaptando a la edad que, año tras año, de manera inexorable, van sumando en mi calendario. Los juguetes y los colores de la infancia pasaron a mejor vida y llegaron la ropa de adolescente y a los cassettes y a los libros. De ahí pasamos a la electrónica y demás artilugios y, así, sin prisa pero sin pausa, hemos llegado a la vida adulta y a unos Reyes Magos pragmáticos, que no se andan con tonterías: cosméticos, vales de ropa (para comprarla en rebajas), alguna que otra sesión de spa o de cata de vinos, entradas de teatro, más libros y, desde que tengo sobrinos, el que más ilusión me hace, un calendario con las sonrisas de mis “tres niñas y un niño” (es que todavía no me he acostumbrado a hablar en masculino, habida cuenta que en este ranking gana la mayoría femenina), un calendario que luzco en mi mesa de trabajo (en el trabajo) y que me hace sonreír cada vez que lo miro.
Este año, sin embargo, los Reyes Magos han roto mis esquemas y mis expectativas: junto al taconazo de este año, además del libro y del vale de ropa, había un regalo grande y plano. Qué bien, pensé, el calendario de mis sobrinos pero, esta vez, de pared. Lo desenvolví con ansiedad y, ante mis ojos redondos y grandes como platos, apareció un torso masculino, desnudo, moreno, lustroso, que marcaba músculo por todas partes y que anunciaba un nuevo año, 2013. ¡¡¡El calendario de los bomberos!!! No podía creérmelo. ¿De quién coño había sido la idea? Y, encima, dedicado: “Mamen: Todo el fuego para ti. Quémate y llama al cuerpo”. ¡¡¡Manda huevos!!! Allí estaba yo, en la mañanita de Reyes, delante de mis padres, mis hermanas, mis cuñados, mis sobrinas y mi churri, con el cuerpo del delito, ¡y qué cuerpo!, nunca mejor dicho. No sabía qué decir. En mi mirada se dibujaba la consabida pregunta: ¿quién ha sido?, ¿a quién se le ha ocurrido semejante idea? Pero, claro, delante de las niñas, no podía decir nada, no podía echar por tierra la magia de los Reyes Magos. Para que lo cuelgues en el despacho, me dijo riendo mi hermana. ¿En el despacho del trabajo? Y enseguida me imaginé la escena: esos bomberos colgados en la pared, desnudos, sudorosos, potentes, provocativos, mirándome a los ojos, seduciéndome con cada centímetro de su piel, con cada músculo, con todos los músculos de su anatomía. ¡¡Qué bien iba a trabajar!! ¡¡Qué feliz iba a estar durante todo el día!! ¡¡Qué estupendo ver cada mañana a ese tiarrón esperándome en el despacho!! Lástima de un pequeño detalle: comparto despacho con mi jefa y por ahí pasan un montón de chavales y chavalas a lo largo de todo el día. Qué pensarían de mí: yo, seria, estricta, profesional, disciplinada, con ese elenco de cuerpazos encima de mi cabeza. ¡¡¡Ufff!!! Imposible. Mejor, el calendario de mis sobrinos. Pero, mientras ojeaba los meses y a los chicarrones en esas posturas imposibles, con esos cuerpos moldeados a golpe de mancuerna y abdominal, con esas miradas penetrantes y esas sonrisas encantadoras, mientras alababa la profesionalidad de los modelos y del fotógrafo, una duda empezaba a rondar por mi cabecita: Vale, no sé de quién ha sido la idea de regalarme el calendario de los benditos bomberos (la verdad es que nunca lo había visto, pensaba que era una leyenda urbana), pero, ¿a santo de qué me lo ha regalado? ¿Tan mal me ve?, ¿tan desesperada estoy que no lo puedo disimular? Y miraba a mi churri que, sin el menor atisbo de incomodidad o de celos, sonreía maliciosamente mientras decía que no con la cabeza y levantaba los hombros. No, yo no he sido, te lo juro. Y no sé quién ha sido el artífice del regalo que te ha dejado muda.
Y aquí tengo a mi ejército de bomberos desnuditos y deliciosos, colgados en la pared del despacho de casa. El de enero está de muerte, está corriendo por una pasarela de madera, ataviado únicamente con unas deportivas. Lo miro y lo vuelvo a mirar. Joder, sí que está bueno, sí. Miro a mi chico, que ahora está a mi lado, trabajando con el otro ordenador, y me siento culpable. Me mira y me sonríe. Lleva el chándal de los sábados, la barba del fin de semana y una barriga que se está haciendo más que incipiente, la maldita curva de la felicidad o la maldita cerveza (más bien, lo segundo). Disimuladamente, miro al bombero de enero. Vuelvo a mirar a mi chico. Decididamente no hay color pero, como me dijo una amiga que vio el calendario -aquí, quien no se consuela es porque no quiere-, esos chicos no existen, no; no existen esos torsos perfectos ni esa anatomía griega, proporcionada y tan bien depilada (atención, si alguno de esos bomberos está leyendo esto, que me llame y me diga que sí, que existe. Más que nada, para ir matando mitos). Tengo que adelgazar, ¿verdad? Pienso detenidamente la respuesta para que no se desate una batalla inútil: ¿Tú te sientes bien, cariño? Lo importante es la salud. Me sonríe y se va. Vuelve con una cerveza y una bolsa de patatas fritas. Pues sí, estoy de coña. (Se me había olvidado que tiene una autoestima a prueba de bomba y una imagen de sí mismo a prueba de respuestas ridículas. Si esto mismo hubiera pasado al revés, habría estado sin hablarle durante una semana, lo juro). Y otra duda vuelve a rondar por esta mente femenina que Dios me ha dado: ¿cómo habría reaccionado yo si a él le hubieran traído los Reyes Magos un calendario plagado de señoritas medio desnudas, embutidas en biquinis imposibles, con unas tetas rebosantes y una cinturita de Barby, en posturas escandalosas?, ¿lo habría tolerado? ¿Cómo llevaría yo eso de tener colgado en el despacho un calendario de doce cuerpazos esculpidos a golpe de bisturí y bótox, con sus correspondientes atributos y esas boquitas (me imagino) de muñeca hinchable? ¡¡¡Ahhh!!! ¡¡Por favor, que aún hay clases!! ¡¡Ni que estuviéramos en la cabina de un camión!!

PD. Lo acabo de decidir. No voy a esperar al de febrero. En cuanto cuelgue esta entrada, descuelgo el calendario y lo hago desparecer. No vaya a ser que los Reyes Magos de 2014 me quieran poner a prueba...

sábado, 19 de enero de 2013

LOS AUTÉNTICOS "RESCATADORES"

Cada año lo había visto en la televisión: deportistas famosos visitando los hospitales y Reyes Magos entregando regalos a los niños en las plantas de pediatría. Cada año observaba en la pantalla las sonrisas de los niños enfermos y las miradas gratificantes de las madres abnegadas y entregadas y de los padres pacientes y solícitos. Cada año reflexionaba sobre la labor de los médicos, las enfermeras y demás personal durante estos días de especial significado. Y este año, nos ha tocado a nosotros, a mi familia, y hemos vivido en carne y hueso todo lo que veíamos tan cómodos desde el sofá del salón.
Durante estos días de magia, ilusión y sueños, en la planta de Pediatría del Hospital Sant Pau de Barcelona, hemos vivido, entre batas verdes, tubos de oxígeno, mascarillas, chutes de adrenalina y bombonas de helio, la visita de Xavi, Alba, Montoya y Thiago del Barça y la llegada de los Reyes Magos de Oriente y de la Tuna. Han sido ellos quienes, de una manera u otra, han roto la monotonía de horas de espera y días sin fin, y han hecho que las jornadas de hospitalización tuvieran algo de positiva emoción.
Sin embargo, para ser sincera y honesta, tengo que decir que la verdadera magia proviene de otras personas, personas anónimas que no salen en la tele, que no son famosos, y que, lejos de cobrar un dineral y a pesar de los recortes salariales, siguen poniendo todo su empeño y su profesionalidad para que el sistema público de sanidad continúe funcionando y que los enfermos se vayan curando poco a poco. Por toda la labor realizada en silencio, en el anonimato y en la honradez, GRACIAS. Gracias y ánimos a los médicos, a las enfermeras, a los auxiliares, al personal de limpieza, a los voluntarios por atender cuidadosamente nuestros enfermos (y familiares) sin escatimar esfuerzos ni horas ni sonrisas. Gracias por seguir trabajando y luchando por lo que es justo y necesario.
Estamos muy agradecidos pero no puedo evitar pensar en la gran paradoja que he presenciado: arriba, deportistas célebres y ricos, managers, regalos, representantes de grandes empresas; abajo: tiendas de campaña, pancartas y recogidas de firmas que evidencian la lucha contra los recortes y las injusticias que se están cometiendo en el ámbito de la Sanidad.
Sanidad, Educación, Cultura, Bienestar... No puedo evitar sublevarme contra tanto político ambicioso e incompetente, contra tanto recorte sin escrúpulos y sin futuro y contra tanto rescate sin sentido. No, señores políticos, no se engañen: ante tanta injusticia, tanto desagravio y tanta hipocresía, quienes están rescatando el país no son ustedes sino esos ciudadanos anónimos que, a pesar de todo, siguen al pie del cañón alzando la voz y tendiendo la mano. Esto no es una paradoja, es una maldita ironía.